LA ACTUAL POLÍTICA EXTERIOR DE BOLIVIA

Publicado en esglobal.org

Gabriela Keseberg Dávalos

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La política exterior boliviana llama la atención en el contexto latinoamericano. Se caracteriza por una férrea lealtad a Cuba y a Venezuela, así como una reciente amistad con Rusia, China e Irán.

Desde la toma de posesión del presidente Evo Morales en el año 2006, Bolivia ha tomado rumbos nuevos e incluso confrontativos, en su política exterior. Aunque argumenta sus decisiones con su ideología antimperialista, a menudo sus posiciones dejan al país aislado y poniéndolo en situaciones difíciles. Un ejemplo famoso es el de 2013 cuando al avión presidencial de Evo Morales no se le permitió sobrevolar tres países europeos. Se sospechaba que llevaba a Edward Snowden consigo desde Rusia. Tuvo que aterrizar forzosamente en Austria y el capítulo fue bochornoso para todas las partes.

En abril de 2017, el embajador de Bolivia ante Naciones Unidas repudió contundentemente el ataque aéreo de EE UU a Siria. Junto con Rusia, votó en contra de una investigación al ataque con armas químicas del Gobierno sirio a la propia población. Con eso, Bolivia dio la impresión de estar defendiendo o, al menos, encubriendo atrocidades del régimen de Bashar al Assad.

Ese mismo mes y a sólo minutos de haber asumido la presidencia del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), Bolivia se hizo “con pocos amigos”. Veinte países miembros habían pedido una sesión extraordinaria para tratar la situación en Venezuela, donde se quería debatir la aplicación de la Carta Democrática a este país, pero Bolivia suspendió la reunión sin consultar a los demás Estados miembros. Se  dificultó a sí misma su turno en la presidencia, que apenas había comenzado. Finalmente, la sesión se llevó a cabo sin la presencia boliviana.

Y en la reunión de MERCOSUR en Argentina que tuvo lugar en julio 2017, el Gobierno boliviano no firmó la carta conjunta de repudio a la violencia en Venezuela. Bolivia es candidata al MERCOSUR y le vendría bien tener aliados.

He aquí las cuatro relaciones bilaterales más emblemáticas de Bolivia, ya sea por extrema cercanía o por extrema confrontación:

Cuba y Venezuela

La lealtad con el régimen venezolano es llamativa. Bolivia es el único país en Sudamérica que se mantiene junto al Gobierno de Nicolás Maduro. También con Cuba las relaciones exteriores son sumamente estrechas. En organismos multilaterales Bolivia vota siempre al unísono con estos dos países. Como por ejemplo en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Venezuela donó alrededor de 290 millones de dólares entre 2006-2010 para el programa de obras “Bolivia cambia, Evo cumple”. Bolivia convino exportar soja por valor de 10,2 millones de euros mensuales a Venezuela a cambio de 200.000 barriles de diésel. Hasta 2013 el Gobierno boliviano se había endeudado por el valor de 140 millones de euros por la compra de diésel. También es un visible ejemplo del peso venezolano el tamaño de la embajada en La Paz; es gigantesca.

En palabras del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Rogelio Sierra, durante su visita a Bolivia en 2016, las relaciones con el país son “excelentes”. Ambos Estados profundizaron la amistad a partir de 2006 con el Gobierno de Evo Morales. Hay cifras que demuestran esa estrecha relación: en diez años, médicos cubanos en Bolivia atendieron a 63 millones de pacientes bolivianos. Más de 5.000 médicos bolivianos se están formando en Cuba. Aunque no hay cifras exactas de cuánto paga Bolivia por cada médico (éstas varían entre 3.000– 8.000 euros al mes), se sabe que Cuba ganó unos 6.000 millones de euros en 2014 por sus médicos en el exterior. En 2016 se denunció que fondos destinados a los discapacitados fueron desviados para pagar talleres y viáticos de médicos cubanos. Fueron alrededor de 100.000 euros. La confianza mutua se demuestra también en el hecho de que fue en Cuba donde el presidente boliviano se operó este año por un tumor benigno.

Los tres países son parte del bloque alternativo ALBA (Alianza Bolivariana para América) y de CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Y el actual embajador en Cuba es el anterior ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana. Se trata de un exmilitar que goza de la confianza del presidente. Quintana afirmó que “durante su misión fortalecerá las relaciones entre ambos países y buscará apoyo en el Caribe para la demanda marítima contra Chile”. También “explicó que otra de las tareas de su agenda será proyectar la política exterior del país andino-amazónico hacia las naciones africanas” desde Cuba. Cuba y Venezuela apoyan la demanda marítima boliviana en todos los foros internacionales.

Chile y EE UU

Con Chile la relación es eternamente tensa. El tema principal es la pérdida de la salida al mar para Bolivia desde la guerra del Pacífico con Chile en 1879. Con el país vecino no hay relaciones diplomáticas desde 1978. En cambio a nivel de población, hay bastante intercambio. Son, sobre todo, los bolivianos los que estudian en universidades chilenas y buscan servicios médicos.

El problema costero ha llegado hasta la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya. Este juicio y la portavocía del tema son llevados por dos expresidentes bolivianos de la oposición, lo cual es llamativo. Deja entrever la importancia que el Gobierno le concede. La reivindicación marítima es lo único en lo que todos los bolivianos están de acuerdo.

En cuanto al contrabando y narcotráfico transfronterizo la situación se volvió tan urgente, que se decidió buscar soluciones de manera conjunta. Bolivia también compra diésel chileno, por el valor de casi 100 millones de euros (2015). En su discurso del día de la independencia boliviana, el 6 de agosto, este año el presidente Evo Morales pareció estrechar la mano hacia Chile en su mensaje, diciendo: “Hermanos, estamos convencidos de cualquier diálogo, diálogo directo o con mediación o vía La Haya. No queremos que haya perdedores o vencedores”. Queda esperar quién saldrá elegido nuevo presidente en Chile. Si vuelve a ser Sebastián Piñera, será muy difícil que las relaciones mejoren y Bolivia seguirá su batalla legal en La Haya.

En cambio con Estados Unidos la relación fue tradicionalmente muy, tal vez demasiado, estrecha. Después de la entrada en el Gobierno de Evo Morales y su partido, la situación cambió de manera radical. Pasó a ser abiertamente hostil, a la par del comportamiento venezolano hacia Washington. Desde 2008, EE UU y Bolivia no tienen emplazados a sus embajadores. Bolivia además expulsó a la DEA (Drug Enforcement Agency) y a USAID (cooperación para el desarrollo). El tema de la lucha contra el narcotráfico es el de mayor desacuerdo.

Y aunque muchos en el país celebraron en su momento la decisión, el daño de la ruptura de relaciones lo sintió sobre todo la industria boliviana. La manufactura textil, que tenía beneficios comerciales (por la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de Drogas ATPDEA) con EE UU, quedó prácticamente en la quiebra. Perdió a importantes clientes, entre ellos grandes marcas como Polo Ralph Lauren, Polo Kids, Polo Jeans, y Express. Sólo la empresa AMETEX exportaba por un valor de 30 millones de euros al año.

En efecto, había una dependencia desmesurada de EE UU. En los 90, era un chiste común en la población, decir que quién decidía en Bolivia era el embajador estadounidense. Por el quiebre de relaciones, Bolivia se vio forzada a buscar otros mercados. Lamentablemente, no hubo mucho éxito. Aunque Venezuela y otros países pasaron a comprar prendas, no fue suficiente para salvar al sector textil. Demostró que las amistades ideológicas no son necesariamente las más aptas para el comercio bilateral. En las buenas épocas del ATPDEA alrededor de 120 mil personas trabajaban en el rubro. Poco a poco, miles de ellas tuvieron que cambiar de trabajo o quedaron desempleadas.

Este año, EE UU y Bolivia celebraron un acuerdo marco para restablecer relaciones diplomáticas, con representación de los embajadores. Pero al mismo tiempo, altos mandatarios bolivianos siguen acusando a Washington de injerencia política y de intentos de desestabilizar al Gobierno. Dado el historial de triquiñuelas de Estados Unidos en la política latinoamericana durante décadas, las teorías conspirativas son absorbidas de inmediato por la población local. A la gente le queda la duda y la relación sigue en “veremos qué pasa”.

La actual política exterior boliviana puede ser descrita como consistente, pero no siempre como pragmática. De los 33 embajadores sólo 5 son diplomáticos de carrera. Bolivia imita la diplomacia confrontativa y ruidosa de países como Irán y Venezuela. Se habla mucho de soberanía, pero los ejemplos aquí esbozados lo cuestionan. Muchas decisiones hieren la imagen de Bolivia en el mundo. Parece perfilada más a favor de la agenda del partido de Gobierno MAS (Movimiento al Socialismo) y de sus aliados.

El resultado es que el país se aísla en el concierto internacional. Pierde grandes oportunidades y credibilidad, tanto en el propio vecindario, como más allá. Falta también transparencia en cuanto a contratos con otros países. Véase el caso de los salarios a médicos cubanos.

Ahora el canciller boliviano, Fernando Huancanuni, ha anunciado que como parte del “Plan 2025” del Gobierno, Bolivia quiere tener relaciones diplomáticas con todos los países en los próximos años. La meta es ambiciosa, pero una buena noticia para el país. Para lograrlo, necesitará menos confrontación, más pragmatismo, más énfasis en los intereses propios y, sobre todo, más aliados que sólo aquellos que van en descenso.