TIERRA DE HUÉRFANOS

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En Bolivia, una generación entera crece sin padres
por Gabriela Keseberg Dávalos

Debido a la recesión económica, más de 600 000 bolivianos dejaron el país en los últimos cinco años. En su mayoría emigran a España, al Brasil, a la Argentina y a los Estados Unidos. Allá trabajan por lo general sin un permiso de residencia como mano de obra barata, siete días a la semana. Como durante su estadía no tienen quien cuide a sus hijos, los dejan en Bolivia al cuidado de familiares, a veces incluso, sólos. Una generación entera de bolivianos está creciendo sin padres. Muchos tienen problemas psicológicos y en el peor de los casos son afectados por la violencia y la trata de personas. Este problema también afecta a países como Colombia y Ecuador.

Más pérdida que ganancia

Raquel tiene 22 años. Desde sus once años que no ha visto a su madre. Esta emigró a los Estados Unidos, sin visa de trabajo. Hace dos meses, le envió por primera vez una foto actual. “No reconocí a mi propia madre. Al principio pensé que era una tía mía. Fue muy emocionante.” En los once años desde su partida, la madre de Raquel ha enviado suficiente dinero para que las hijas puedan construir su propia casa. Ahora la hija mayor vive ahí con su joven familia. “Pero esto no sustituye el amor y el calor de una madre”, dice Raquel con tristeza. “Después de su partida, tuve muchos problemas. Era rebelde y me iba mal en el colegio.” Pero tiene la suerte de tener una vida familiar estable y una buena relación con su padre y su una hermana mayor, quien asumió el papel de madre. Este es un comportamiento típico de hermanos mayores. Pero el precio es alto: asumen demasiada responsabilidad a temprana edad y pierden su infancia. En los casos en los que ambos padres se van, muchas veces los hijos mayores incluso abandonan la escuela. Es la única manera de poder hacerse cargo de manera adecuada de los más jóvenes. Estos sin embargo, no siempre aceptan a la nueva cabeza de familia como autoridad. Surgen conflictos e impotencia.

Las consecuencias sociales de esta ola de emigración se hacen sentir en Bolivia. El país no sólo ha perdido mano de obra, si no que aquellos que se quedan tienen que acostumbrarse a una nueva vida.

Problemas en el colegio

Tal es el caso de Rossana* (16) y Tomás* (12), cuyos padres se trasladaron a España. “Cambió todo. Tuvimos que mudarnos a una pequeña habitación en la que vivíamos cuatro personas: mi hermano, yo, mi tía y mi abuela”, cuenta Rossana. Con la tía se lleva bien, pero con su abuela hubo problemas desde el principio. “Ella es muy estricta y yo muy rebelde. Nos peleábamos todo el tiempo, era terrible.” Tomás, que apenas tenía seis años cuando los padres se fueron, fue el que más sufrió. Aún le saltan las lágrimas cuando cuenta la historia de la separación. La madre se fue sin previo aviso. “Yo estaba enojado con mi madre y decepcionado”, dice. El comportamiento de la madre de Rossana y de Tomás es frecuente en los emigrantes. Los padres piensan que les ahorran dolor a sus niños si se van sin explicación alguna. En cambio lo que provocan es confusión y sentimientos de culpa.

El psicólogo Wilge Arandia de AMIBE (Asociación de Migrantes Bolivia España – Bolivia Asociación Española de migrantes), trabaja con hijos de emigrantes. Constató los siguientes síntomas en ellos: “La primera señal de problemas es la decaída de notas en el colegio. Además estos niños suelen ser introvertidos, tímidos y están deprimidos.” Otros son tercos y rebeldes. No reconocen ninguna autoridad y dejan la escuela. Para evitar que esto pase, la Fundación “Hombres Nuevos” de Santa Cruz ha desarrollado un programa de apoyo exclusivamente para hijos de emigrantes y su desempeño en la escuela. Gracias a un seguimiento constante, pueden reaccionar rápidamente cuando se presentan problemas. 40% de los niños en el distrito en el que de la Fundación trabaja tienen a uno o a ambos padres en el extranjero.

*nombres cambiados

Los niños se sienten culpables

Hasta ahora, sólo fundaciones y organizaciones privadas se ocupan de los familiares de emigrantes. El Estado no ha reconocido aún las consecuencias de este problema. “No hay leyes que protegen a estos niños”, dice una maestra de escuela primaria en La Paz, que educa a diario y cada vez a más hijos de emigrantes. Su experiencia es devastadora. “Los niños se echan la culpa a sí mismos por existir. Piensan que si no existieran, sus padres no tendrían problemas de dinero y no tendrían que irse al exterior. Son psicológicamente inestables, y carecen por completo de confianza en sí mismos,” explica. Estos niños no piden juguetes en sus cartas a Papá Noel, sino que se les devuelva a sus padres. Cada vez más niños escriben frases como “Tráeme de vuelta a mi papá” o “Quiero ver a mi mamá”.

Algunos pocos, sobre todo adolescentes, tienen problemas con las drogas y el alcohol. Algunos se unen a pandillas y terminan en la delincuencia. Buscan consuelo con sus compañeros. Buscar el reconocimiento y el amor que ya no hay en casa.

Dinero en vez de amor

Hay muy pocos estudios sobre los familiares que permanecen en el país de origen. La socióloga Celia Ferrufino es una de las pocas que ha tratado el tema. En su estudio, “El costo humano de la emigración”, señala que la generación actual está creciendo con nuevos valores. “El dinero se antepone ante valores como la familia, la amistad o el respeto”, explica. “En busca de reconocimiento, los niños siempre compran el último teléfono, el ordenador más rápido, los jeans de moda. Rara vez usan su dinero para actividades extra-curriculares que le pudieran asegurar un futuro mejor al niño”, explica Ferrufino.

Si los chicos carecen de orientación en el uso de las finanzas, existe además el peligro de que se acostumbren al “dinero fácil”. No aprecian lo duro que trabajan sus padres, a veces bajo condiciones inhumanas,  en el extranjero por el dinero. Al final, la única conexión entre padres e hijos es la remesa mensual y los regalos que les envían

Niño botín

Mientras tanto, los niños y jóvenes se convierten en “niños botín” dentro de su propia familia a causa del dinero que reciben desde afuera. Padres desaparecidos re-aparecen repentinamente para reclamar la custodia del niño. Pero lo que en verdad les interesa es el dinero que la madre envía todos los meses desde España o desde otro lugar del mundo.

De acuerdo con AMIBE estos padres limitan su trabajo, dándoles a los niños sólo casa y comida. Les preocupa poco cómo gastan  los niños su dinero o como les va psicológicamente. Les enseñan pocos valores. Su único interés es el dinero que reciben por sus servicios.

La familia colapsa

Si sólo uno de los padres emigra, la familia corre peligro de desintegrarse por completo después de algún tiempo de separada. Debido a la distancia y el desapego, muchos de los que se van, se buscan una nueva pareja en el nuevo país, incluso fundan nuevas familias. Este hecho, además de las estrictas leyes de inmigración, reduce la posibilidad de una reunión familiar. Por eso, los niños rara vez vuelven a ver a su padre o a su madre.

Otro problema terrible es la violencia doméstica que llega incluso hasta el abuso sexual. Sobre todo en los estratos más pobres, esto es muy usual. Los hombresacusan a sus esposas de haberlos abandonado y de estarlos engañando en el extranjero. Utilizan eso como excusa para abusar de los propios hijos o para dejarlos. En el valle alto de Cochabamba el 40% de los partos corresponde a menores de 18 años o menos. La mayoría de estos embarazos son provocados en situación de violencia a menores sin protección de familia.

Las víctimas de 50% de los casos de violencia familiar en el primer semestre de2008 fueron hijos de inmigrantes, según los datos de la Defensoría de la Niñez yAdolescencia. Una vez que los niños se quedan solos, se convierten en presa fácil para la trata de personas.

“¡Tengan fe!”

Rossana y Tomás tuvieron suerte. Sus padres lograron pagar sus deudas en el lapso de dos años y regresaron a La Paz. “Desde entonces somos más unidos, hacemos todo juntos, tomamos todas las decisiones juntos ”, cuenta la hermana mayor. “No queremos separarnos nunca más”, dice convencida. A los otros niños y jóvenes que aún esperan a sus padres les mandan un mensaje de esperanza: “Tengan fe! Si sus padres les prometieron volver, lo harán. No hay padres que puedan vivir sin sus hijos”. Raquel está convencida: „Mi madre volverá“.

Datos adicionales:

Bolivia cuenta actualmente con 10 millones de habitantes. Se estima que tres millones de personas viven en el extranjero. En los últimos cinco años, 600.000 personas emigraron de. Equivalente a la población de la tercera ciudad de Bolivia (Cochabamba). 80% de los bolivianos que emigran declaró, para hacerlo de una dificultad financiera. La mitad de los inmigrantes son mujeres entre las edades de 25-45 años. De estos, alrededor de dos tercios están casados. Las mujeres en el extranjero es una oportunidad de obtener un empleo como niñera, una enfermera o un auxiliar de geriatría casa. Los hombres, sin embargo, trabajan principalmente en la industria de la construcción. Debido a la crisis en España y los EE.UU., muchos están ahora sin empleo allí.

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